LA VENTANA INDISCRETA


Este fin de semana me he dedicado a la activa vida contemplativa, y por las tardes lo pasaba a limpio... Miraba por la ventana, con las venecianas medio entornadas, tamizando la luz y creando esa atmósfera que sólo se consigue con los primeros rayos de sol tras el frio invierno. Me place infinito mirar por la ventana, inventar y desarrollar historias de las cuales sólo capto un fragmento. Tal era mi estado de trance que, con la guardia bajada, accedí a pasar la tarde viendo cine, clásico.

En este punto hago un inciso para entonar el "mea culpa" y reconocerme una "analfacinéfila". Falta de capacidad, puede ser. Pose, quizá. El caso es que no consigo permanecer las dos horas de rigor atenta, sin inventar cualquier excusa para levantarme y darle al "pause", salvo que se trate de cine clásico, pero eso lo explicaré en otra ocasión.

No pudimos hacer mejor elección y esta fue La Ventana Indiscreta, de Hitchcock. Habiéndome declarado abiertamente una "mirona", no pude más que rendirme al misterio y suspense de la trama, quedarme absorta por el empleo exquisito del espacio- tiempo que nos creaba un ambiente casi claustrofóbico. Admirar, boquiabierta, el vestuario elegante y femenino de la época. Lo dicho, todo un acierto para la tarde del sábado.

Terminada la proyección, con esa satisfacción que da haber disfrutado de un peliculón (y no haber perdido el tiempo) continué, como una enajenada, mirando por mi ventana. Dando rienda suelta a mi imaginación y perfeccionando mi "juego de la ventana".

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